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¿Por qué hago esto? Simplemente para especificar.

SOBRE LAS CANCIONES

Muchas de las canciones presentes en los posts de este blog pueden encontrarse en el playlist ubicado entre los gadgets.
Mostrando entradas con la etiqueta el bromista. Mostrar todas las entradas
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sábado, 27 de marzo de 2010

Y tu, apagarás la luz?

Ahora nos toca apagar la luz

Si nos toca apagar la luz, yo me pregunto...



Si en las calles siempre habrán luces prendidas y juegos entre lo ajeno, por qué voy a apagar la luz?

Si en las casas hay comida para aquellos de dos manos y cuatro estómagos, por qué voy a apagar la luz?

Si en el fondo, muy al fondo, no hay luz, por qué voy a apagar la luz?

Si nos dedicamos siempre a pagar la luz, por qué voy a apagar la luz?

Si Dios alguna vez hizo la luz, por qué voy a apagar la luz?

Si es imposible para nosotros vivir con los ojos cerrados, por qué voy a apagar la luz?

Si hay luz por 364 días y 23 horas, por qué voy a apagar la luz?

Si tu... así es, TU, si tu no vas a apagar la luz, por qué YO voy a apagar la luz?

Si es imposible apagar la luz, por qué voy a apagar la luz?



Lo siento, pero alguien tenía que decir algo.

Mientras que no nos pongamos de acuerdo, siempre habrá movimiento... solo movimiento.

Como sea, les deseo suerte.

Espero que si alguien lee esto alguna vez, reflexione, porque un humano más ya lo hizo.

viernes, 16 de octubre de 2009

Reminiscence

Ahora si, lo prometido es deuda.



The Only Exception - Paramore
(Escrita por Hayley Williams y Josh Farro)

When I was younger
I saw my daddy cry
And cursed at the wind
He broke his own heart
And I watched
As he tried to reassemble it

And my momma swore that
She would never let herself forget
And that was the day that I promised
I'd never sing of love
If it does not exist

But darlin', You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception

Maybe I know, somewhere
Deep in my soul
That love never lasts
And we've got to find other ways
To make it alone
Or keep a straight face

And I've always lived like this
Keeping a comfortable, distance
And up until now
I had sworn to myself that I was content
with loneliness

Because none of it was ever worth the risk

But you are the only exception
You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception

I've got a tight grip on reality
But I can't
Let go of what's in front of me here
I know your leaving
In the morning, when you wake up
Leave me with some proof its not a dream
Ohh

You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception

You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception
You are the only exception

And I'm on my way to believing it
Oh, and I'm on my way to believing it



Creo que ahora si las aguas se calmaron un poco, después del post anterior que era muy emo (pero profundo, lo que le da un valor agregado importante).

A ver, trataremos de hacer esto un minuto filosófico, aunque no estoy seguro si lo sea en verdad, pero bueno.



El otro día hablando con un amigo y una amiga (seré redundante, lean el aviso de servicio público) recordé un poco lo que había pasado hace... bueno, entre febrero y abril. Aquellos días...

Creo que primero que nada debo aclarar que existe un orden cronológico para los posts de The outcast, como en toda historia, creo. Los primeros posts fueron acerca de Lilith.

(ahora creo que si ya regresó mi inspiración para poner nombres, oh wow!)

Lilith fue, bueno, es hasta ahora parte importante de mi. En realidad, es una historia tan larga como Ilusión y Realidad, pero como que, las cosas con Lilith fluyeron de una manera más natural. Fue algo más... auténtico, más genuino. Fue real.

Si, creo que esa es la palabra, real.

Muy en comparación con Ilusión, Lilith si existió. No la inventé, fue real.

Esa palabrita de cuatro letras define a la perfección lo que pasó. Puede que las consecuencias de lo que pasó con Lilith hayan sido no tan buenas, pero en cierto modo, me ayudó mucho. Y la letra de la canción bien podría explicar el porque.

Bueno, si hay algo que es cierto, es que a Lilith le debo demasiado. Pasé grandes momentos con ella, hicimos muchas cosas juntos, cantamos, reímos, gritamos, hasta nos caimos (bueno, ella se cayó, yo no), pero en medio de todo, si no hubiera ocurrido lo que pasó, tal vez no me hubiera dado cuenta de muchas cosas en mi vida que estaban mal.

Cosas que tenía que cambiar, y que en realidad, ahora me doy cuenta que nunca me gustaron. No son solo cosas sentimentales, son cosas de otro tipo, pero de todas maneras el que pase lo que pasó con Lilith me ayudó mucho en su momento.

Como mencioné antes, lo que sentí por Lilith si fue real. Y lo que siento ahora por ella también es real, pero no en el sentido en el cual lo era antes (en otras palabras, somos amigos). Estoy seguro que ahora no es el momento para pensar en eso. El libro se encuentra cerrado y bueno... muchas cosas han pasado desde entonces. Ilusión y Realidad sacudieron mi vida un mes después, y el resto de la historia ya la conocemos.

En fin, como sea, gracias Lilith, por ser la única excepción.
Después de tanto tiempo, ahora vuelvo a escribir acerca de ti, con la seguridad de que me alegra saber que estás aún en mi vida.



¿Minuto filosófico? Si.
¿La moraleja? Believe in love. (ala que CURSI, Jajajajaja, ¿si o no querida?)

Bueno, con respecto a Ilusión y Realidad, creo que las cosas van de manera aceptable.
Y con respecto a lo del sentido de culpa, creo que... también :)

Nota: Pero... hay algo que me preocupa aún. Si puedo les contaré luego. Ahora no :)

oh wow!
Es todo por ahora, me voy.

PD: Me tomé la molestia de añadir la etiqueta "Lilith" a los posts correspondientes, para quienes no leyeron esos posts en su momento.

viernes, 21 de agosto de 2009

Quinta: Otro Mundo

La puerta estaba abierta, y me asomé para verla más de cerca. Me acerqué hacia su posición, casi en silencio. Nadie se hubiera dado cuenta de que yo estaba por ahí... rondando.

La verdad, nunca me había imaginado como sería ver a Nadine en un hospital. Y ahí estaba yo, a pocos centímetros de ella. Estaba dormida. No tenía un buen aspecto que digamos, pero conocía su belleza natural, y supuse que no era tan malo después de todo. Se encontraba durmiendo en silencio, estaba echada de costado en la cama, hacia el lado izquierdo, y su cabello lacio castaño no lograba cubrir del todo su rostro. Tenía un aspecto angelical, e inocente. Así me gustaba Nadine. Así era como la conocí y me enamoré de ella.

No tenía nada más que hacer, pero me quede congelado por varios minutos, mirándola. No temía que se despertara de pronto y me mirara con su cara de asombro, y tal vez saque fuerzas de la nada y se acerque a darme un golpe. O tal vez abriría un poco los ojos, y me pediría que me acerque a abrazarla. Que se yo, no era dueño de su destino.

-Señor, ¿que hace aquí? -me dijo una voz suave y calmada.
Giré rápidamente, sorprendido. Era una de las enfermeras.
-Eh, vine a visitar a la señorita.
Le mostré mi pase.
-Lo siento, pero la orden del doctor es que la señorita no puede recibir visitas hoy.
-Pero, no me dijeron nada a la hora de reservar la visita.
-Si, pero el doctor acaba de dar la orden. Tengo que hacerla cumplir, lo siento.
-Está bien, lo siento mucho.
-No hay problema, gracias por su comprensión.
-De acuerdo.
Tuve que seguir las indicaciones de la enfermera, sino algo peor podría haber pasado. Pensé que esto no era un juego, y que era por el bien de Nadine. En cierto modo, me sentía satisfecho. Por lo menos sabía que ella se encontraba con vida, y que tal vez pronto se encuentre mejor.

Ya estaba cruzando la puerta de entrada del cuarto, cuando se escuchó algo.
-Chris...
Me quedé petrificado. Conocía esa voz, aunque este más débil y ronca de lo normal, pero la conocía.
-¡Nadine!
-Chris, ¿eres tu?
-Señorita, por favor, recuéstese -dijo la enfermera.
-No, quiero hablar con Chris.
-Nadine, espera un momento -le dije rápidamente
-Por favor señorita, déjeme hablar con él. Todo estará bien.
-Pero, el doctor ha dicho que tiene que descansar.
-Por favor... -seguía diciendo Nadine.
-Nadine, lo siento mucho, -me detuve por unos segundos- pero...
-Chris, necesito decirte algo. No me importa lo mal que esté, solo tengo que decírtelo.
-Eh... Nadine, no se que decirte. -le respondí.
-Señorita enfermera, necesito hablar con él, de veras. Todo estará bien, lo prometo
-Eh... pero...
-No se preocupe, de verdad. -parecía muy segura de sus palabras. Esa era Nadine.
-De acuerdo, pero solamente por unos minutos.
-Está bien, muchas gracias.
-No hay de que. -le respondió la enfermera con una sonrisa.

La enfermera se fue, aunque podría jurar que se encontraba en el pasillo, detrás de la pared de la habitación. Me volví hacia Nadine.
Antes de que pudiera decir algo, ella preguntó.
-Fue Sarah, ¿no?
-Eh, si. Lo siento mucho.
-No, yo soy la que debe disculparse Chris. Me he portado terrible contigo.
-No tienes porque hacerlo, todos tenemos nuestros momentos. Creo que no debimos precipitar las cosas entre los dos.
-Si, pero de no ser por mi, otra sería la historia.
-Bueno, como sea. El punto es que, te amo Nadine.
-Yo también Chris, y a juzgar por mi apariencia, de manera enfermiza.
-No digas eso Nadine, el amor tiene que ser sano, no enfermizo.
-Lo se, lo se.
-En el peor de los casos, fue culpa del bicho que se metió a tu organismo.
-Ese bicho eres tu.
Comenzamos a reírnos, aunque ella lo hacía de manera débil. Parecía que era consciente de que no podía forzarse mucho.
-¿De cuanto es la fiebre?
-40 grados.
-Wow, no puedo creerlo.
-Créelo, y te lo sugiero porque aquí me tienes.
-Lo se, en todo caso deberías seguir descansando.
-Tienes razón, pero no te preocupes. Estaré bien en cuestión de días. Hasta menos tal vez.
-Exacto.
Nos quedamos mirándonos, sonriéndonos, por un rato.
-Chris.
-Dime.
-Prométeme que nunca me vas a recordar tal como estoy ahora.
Solté una carcajada.
-Mujeres... ¿por qué serán criaturas tan nobles?
-Es en serio Christopher, no me estoy riendo.
-Ya ya, como tu digas.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo.
-De acuerdo. -me sonrió.
Le devolví la sonrisa, me agaché un poco al costado de la cama y la abracé con mi brazo derecho.

Me sentía tan... fuera de este mundo. Quería que ese momento no se acabe nunca, porque, a decir verdad, no me había imaginado esto ni en mis sueños más emocionantes. Ya no me importaba todo lo que había pasado para llegar aquí. Esto era más de lo que habría imaginado dentro de las probabilidades. Cuando salí desde la casa de Sarah para llegar hasta acá, no había tomado en cuenta las consecuencias. Aún no las tomaba en cuenta. Mi instinto otra vez me dio la razón, y mi subconsciente ya no jugaba sucio.

En ese momento, los flashbacks comenzaron a brotar en mi mente. Desde el momento en el que conocí a Nadine, pasando por el tiempo cuando nos hicimos amigos. La primera cita que tuvimos, los días que pasamos juntos yendo de un lado para otro, riéndonos de los chistes malos que decíamos todo el tiempo.

Teníamos solamente una semana como pareja, cuando los problemas comenzaron. Aún así, yo creía en ella, y sabía que ella era única. Me dolía en el alma saber que ya no la tendría por más tiempo. Me quedaba solamente una semana, pero quería que esto sea recordado para la eternidad.

-Señor, siento interrumpir, pero ya se acabó su tiempo.
-Si, lo se. Le agradezco un cielo por haberme permitido estar aquí. -le respondí
-No hay problema. -me dijo y cambió su mirada hacia Nadine- Señorita, será mejor que descanse. Su padre llamó, y dice que ya está en la ciudad. Vendrá al hospital en una hora.
-De acuerdo, gracias por la información.
-Bien, creo que eso fue todo por hoy. Debo irme.
-Chris, espera. -dijo Nadine.
-¿Que ocurre?
-Te amo.
Tenía lágrimas en los ojos. Me sentí mal por un momento.
-Yo también te amo. Gracias por todo.
-Gracias a ti.

Le sonreí, y me fui caminando lentamente, fuera de la habitación, mirando hacia arriba.



Bueno, hoy si no agradeceré a nadie. Esto ya parece un libro de dedicatorias.

Al final de la historia pondré TODOS los agradecimientos, ya no los pondré uno por uno. Lo prometo.

domingo, 16 de agosto de 2009

Cuarta: Emergencia

El móvil comenzó a sonar.
-Diga.
-Chris, es Sarah. Necesito hablar contigo.
-Dime, ¿que ocurre?
-En persona, no por teléfono.
-Bien, estaré en tu casa en media hora.
-De acuerdo.

Tuve que ir comiendo el pastel y tomando la soda en el camino porque, a juzgar por el tono de voz de Sarah, esto era algo serio. Fui casi corriendo a tomar el bus camino a la casa de Sarah, y no pude disfrutar del pastel y la soda, lo cual era un presagio no muy bueno que digamos. Se me revolvía el estómago por saber que era, aunque tenía una remota idea de que cosa se trataba. Había solamente que confirmarlo.

-¡Chris!
-Sarah, ¿que ocurre?
-Nadine está en el hospital.
-¿Qué? Debes estar bromeando.
-No, no lo estoy.
-Pero, ¿Qué fue lo que paso?
-Creo que le dio fiebre alta, no estoy segura.
En ese momento pensé: Nadine tenía un poco de calentura ayer, y lo sentí en el momento en el que nos besamos, pero no le dije nada porque no quería incomodarla tanto. El momento tampoco era el adecuado.
-¿Podemos ir a visitarla ahora?
-No creo, su madre no me dijo nada. Su padre vendrá de España en un vuelo de emergencia.
-¿Su padre estaba en España?
-Si, ¿no te lo dijo?
-Ella me dijo que estaba en México, pero no en España.
-Ay, Nadine.

En eso, entendí la forma en la que encajaban las piezas del rompecabezas. Nadine se iba a España con su padre, y ella nunca quiso decírmelo. Genial.

Sabía que Nadine era como yo. A ella no le gustaba contar sus secretos, igual que a mi, y eso me daba seguridad e inseguridad al mismo tiempo. ¿Acaso Nadine me tenía miedo o algo así?

-¿En que hospital está Nadine?
-En el hospital central.
-Debo irme.
-¿Qué? ¿Vas a ir?
-Si.
-Chris, ¿Qué diablos estás haciendo?
-Lo siento Sarah, te veré luego.
-¡Chris! ¡Regresa ahora mismo!

Corrí lo más rápido que pude, mis impulsos habían despertado la ira en mí, y necesitaba ver a Nadine ahora mismo. Saber que estaba bien, y que al menos tendría la oportunidad de estar con ella y decirle lo tanto que la amaba. No me importaba correr riesgos. Ya no había riesgo que correr. Al menos en ese momento no había.

Sarah comenzó a llamar al móvil, pero me dio vergüenza contestar las llamadas. Llamó exactamente doce veces. A la decimotercera vez, no pude evitar contestar. Ya había casi llegado al hospital.
-Christopher, estás loco. Vuelve ahora mismo
-Ya llegué Sarah, lo siento.
-Regresa, o te juro que no te lo perdonaré. Estoy seguro que Nadine tampoco lo hará.
-Por favor, perdóname. No quiero hacer esto, pero es ahora o nunca.
-Arg, es inútil. Adiós.
Sentí un poco de arrepentimiento, porque no quería hacerle esto a Sarah, pero lo hecho, hecho estaba. Ya no había espacio para estar retractándose. Era como intentar hacer funcionar un auto sin batería.

En cuanto llegué, le pregunté a la recepcionista por el número de la habitación de Nadine.
-A ver... está en el 305
-De acuerdo, muchas gracias.
-Eh, esperé un momento.
-Diga.
-No hay ninguna visita reservada para la señorita. Usted no tiene un pase autorizado para visitas.
-¿No le llamo un tal Chris diciéndole que la señorita Nadine iba a recibir mi visita hoy día?
-De ninguna manera.
-Oh no, cielos Chris, que despistado que eres. Ahora mismo lo llamaré.
-De acuerdo.

Salí un momento del hospital, y fui a un teléfono público para llamar al hospital. Me aseguré de apuntar el número de recepción que estaba en uno de los paneles cerca de la entrada del hospital.
-Hospital central, ¿en qué puedo ayudarlo?
-Buenas tardes, me gustaría reservar una visita para el 305 -dije con voz gruesa.
-Oh si, creo que ya se a lo que se refiere. Dígame su nombre.
-Julián Taylor. Es el nombre de mi hermano. Yo soy Christopher.
-De acuerdo, ¿para cuando desea reservar la visita?
-Para ahora mismo. El debería estar en el hospital en estos momentos, y siento no haber reservado la visita antes.
-No hay problema, puede avisarle al señor Julián que ya está reservada la visita y que puede acercarse al hospital a recoger su pase.
-Está bien. Muchas gracias. Hasta luego.
Fui corriendo al hospital con la botella de soda en la mano, simulando que me la había comprado recién.
-Eh, me llamó el señor Christopher diciendo que la visita ya estaba reservada.
-Si, aquí tiene su pase, pero necesito su identificación.
-Eh, no la tengo conmigo en estos momentos, pero puedo darle el número.
Para suerte mía, tenía una lista de números de identificación de mis amigos en mi mochila. La hice pensando en casos de emergencia, como este. Y como estábamos en un hospital, era una real emergencia.
O al menos lo parecía...
La tipa lo dudo por unos segundos y dijo:
-A ver...
-Es 30192535
-De acuerdo. Ya lo apunté en la lista.
-Muchas gracias.

Al momento de pasar por la puerta del área de internados, le enseñé mi pase al guardia de seguridad, que me miró como si sospechara acerca de mí. Fui corriendo por las escaleras hasta el tercer piso. Cuando estaba en la escalera al tercer piso, tropecé con uno de los escalones.
-Mierda, mi rodilla. -dije en voz baja.
Por suerte, no fue tan grave como parecía, pero llegué a la habitación de Nadine cojeando, porque igual me dolía mucho. No había tiempo que perder.

Tenía miedo. Ahora si sentí que corría peligro.

Bah, pero ya había llegado muy lejos, y ya no importaba nada.
¿Miedo de qué?... "patrañas", dije en mis adentros.

Me asomé por la puerta, y la vi.



Hoy día, no voy a agradecer a nadie.

Bueno, en verdad si

Tengo que agradecer a Mauricio por darme la idea para el nombre de uno de los personajes de la historia.
Si, elegí ese. Gracias.

Y bueno, tengo que hacer una aclaración también.

Esto... mejor no. Lo dejaré para el final de la historia. Recien vamos cuatro partes, c'mon!

martes, 11 de agosto de 2009

Tercera: Tregua

"Me voy"

"Eso no te lo puedo decir, lo siento"

"No me entiendes"

Tenía esas malditas palabras todo el tiempo en mi mente. Sentí que quería agarrar un diccionario y quemarlo para no poder entender el significado de esas palabras nunca más. Era inútil, no sabía que estaba pasando. Estaba experimentando una mezcla extraña entre histeria, tristeza, ansiedad y locura.

No podía contenerlo por más tiempo. Nadine ya estaba jugando muy sucio, y me estaba haciendo demasiado daño sin querer, sin poder hacer nada al respecto. ¿Acaso era tan difícil hacerla sentirse bien? ¿O acaso era yo el que no estaba haciendo las cosas bien? Juro que quería destruir cada cosa que se encontraba en mi camino. No me importaba si luego venía un personaje de las historietas y me detenía. Aún así estaría complacido.

Tuve otra noche horrible. Diría que esta fue la peor de entre las últimas. Los shocks eran cada vez más constantes, y tampoco era para ponerme en estado de coma, pero sentía que necesitaba calmarme con algo. Me desperté de pronto, y miré el reloj. Eran las dos de la mañana, con nueve minutos, y no tenía sueño. Genial.

Cogí mi reproductor de CD's y, en volumen bajísimo, escuché por un rato un disco que Sarah había dejado ahí hace ya varias semanas. Era uno de sus favoritos. Sentí por un momento que quería hablar con ella, pero tampoco estaba tan loco como para llamar a alguien a esa hora. Me quede dormido escuchando el disco.

Era sábado. Y había cosas por hacer.

Tenía que ir a mis clases de inglés. En verdad, creo que lo necesitaba. Necesitaba algún lugar donde poder reencontrarme con mis ánimos, y en cierto modo, las clases de inglés ayudaban. La verdad, cada clase era una función de circo genial, con la excepción que no estaba el circo completo, solo... los payasos. Me divertía demasiado cada sábado, con cada cosa que se hablaba en la clase, y también podías encontrarte con amigos que solo veías una vez a la semana y que tal vez tengan algo interesante que contar.

Me encantaba hablar con Anna, era una tipa muy buena y muy graciosa. Se podía hablar fácilmente con ella, y teníamos muchas cosas en común. Siempre decía dos cosas: Que quería chocolate, y que tenía sueño. Sonaba tan... gracioso. Parecía una oficial de policía comiendo su dona de chocolate. Siempre que le decía alguna broma me respondía con un "shut up". Y tal vez lo que teníamos más en común, era que teníamos casi los mismos gustos musicales. Siempre hablábamos de las canciones que nos gustaban y hasta nos poníamos a cantar en plena clase. La pasaba muy bien con ella, no lo puedo negar.

-¿Que pasa Chris? ¿Estás bien?
-Si Anna, no te preocupes. Es que ayer no dormí bien.
-Oh, entiendo.
-Creo que necesitaré un poco de chocolate, como tu.
-Arg, ya me provocaste.
-Que bueno que lo dices.
-No es nada bueno Christopher. Y yo no sufro de insomnio como tu
-¿En serio?

La verdad, me moría de ganas por contarle a Anna lo que pasaba en realidad. Pero tampoco quería hacer mucho chamullo acerca del asunto. No me gustaba en realidad que la gente supiera todo lo que me pasaba. Pero ellos sabían que algo pasaba, porque no sabía fingir del todo. Eso me incomodaba más aun, porque me sentía como un famoso en pleno paparazzi.

Ese día, como siempre, salí conversando con Anna. Siempre que salíamos de la clase había un montón de gente afuera, y ella tenía que cruzar al otro lado de la avenida para tomar el bus que la lleve a su casa. Casi siempre que salíamos, el semáforo estaba en rojo, y ella se iba rápidamente.

-Debo irme, te veré el próximo sábado.
-De acuerdo, cuídate.
-Tu también.

Y debía esperar a que pase el bus que me lleve a mi casa. No era como cuando iba a la universidad. En ese caso si quería, podía regresar a casa caminando, porque no estaba tan lejos.

Pero, no quería ir a casa aún. No tenía nada que hacer luego y estaría muy aburrido allá. Tenía dos opciones. La primera era ir al centro comercial que está a unas cuadras del instituto, solo para mirar y tal vez comprar algo de comer. La segunda era visitar a Sarah, para lo cual tendría que irme mucho más lejos aún, pero la ruta era directa, así que tampoco era mala idea. Después de pensarlo por varios segundos, me decidí por la primera opción.

Entré a la tienda de discos, para ver que nuevos lanzamientos habían en el catálogo. Como no había nada nuevo, me fui a la tienda de aparatos electrónicos. Me quedé un buen rato jugando la demo de un videojuego nuevo, y cuando me aburrí me fui al supermercado, a comprar algo de comer. Tanta distracción me había dado hambre. ¿Que compré? Pastel de chocolate y una soda. Bien hecho Anna.

Me senté en una de las mesas que estaban en el comedor del supermercado, y no tardó en pasar.



Bueno, pues si tengo que agradecer a alguien ahora, es a Moé. Gracias por leer esta historia y por confiar en ella. Y gracias también por llenar mi paladar (y el de muchas personas) de buenas historias a través de tu blog.

Y también por muchas otras cosas más :)


PD: El nombre "Escena" ya no pega, buscaré un buen título con el transcurso del tiempo.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Segunda: Causa y Efecto

Bueno, mi último intento de escape del bloqueo de escritor (o de las PCA como diría Nela Canela).

Si desean saber que paso antes de esto, vayanse al archivo no estadístico y busquen el post "Escena". Sino, van a estar más perdidos que un cartucho de Super Nintendo en una laptop.

Chiste monce, olvídenlo.

En fin, ahi va.



Ahí estaba ella, con la mirada perdida, vagando por las hojas de los árboles del parque. No entendía en verdad lo que estaba pasando. Era Nadine, a pocos metros de mí, tal vez... con un mensaje que dar.

Juro que me quede pegado a esa imagen por varios segundos, hasta que ella volvió la mirada hacia mí. No pude evitar hacer un tic, pero que se podía hacer.

Si, esa mujer me dio un ataque sorpresa.
-Nadine, eh... hola
-Hola Chris
-¿Qué tal? ¿Cómo la estas pasando?
-Bien, todo bien. Como siempre
-Me alegra saber que todo está bien.
De pronto, algo interrumpió en la conversación
-Chris, ¿vienes o no?
-Un momento, yo los alcanzo luego. –volteé y dije.
Nadine sonrió al ver que dije esas palabras. Le devolví la sonrisa cuando volví la mirada hacia ella. Finalmente, ella fue la que rompió el hielo, y de que manera.
-Eh, Chris, yo...
-¿Quieres ir a tomar un café?
-De acuerdo

Ese no era el escenario apropiado para conversar sobre eso. Fuimos a la cafetería que está a tres cuadras del campus. Me encantaba ir ahí, la verdad. Siempre que estaba cansado luego de clases, iba por una taza de café para calmar el ambiente. A veces también pedía café con hielo, cuando necesitaba refrescarme. Era genial. Y mejor aún si el café de ese lugar sabía muy bien.
-Buenas tardes, ¿Puedo tomar su orden?
-Agua sola –dijo Nadine.
-¿Estás segura que no quieres nada más? –pregunté.
-No, está bien Chris, no te preocupes. –respondió con una sonrisa burlona.
-De acuerdo, yo quiero un café capuccino, y un pedazo de pastel de naranja.
-¿Algo más?
-No, nada más –repuso Nadine. Que atrevimiento para decirlo.
-Muy bien. Volveré con su pedido.
-Gracias.

La verdad, todo el tiempo que estuvimos en la cafetería, nos la pasamos hablando sobre otras cosas. Sobre la última vez que hablamos con Sarah, sobre las canciones que estaba escribiendo para el grupo, sobre un concierto que iba a haber en unos meses, y para el cual la fecha de inicio de venta de entradas se había aplazado unos días. En fin, varias cosas que no tenían absolutamente nada que ver con el tema principal. La causa de todo lo que estaba pasando. El motivo que nos tenía yendo y viniendo como si fuésemos un sube y baja con dos niños jugando de manera inocente, pero que en realidad conocían el motivo de ese sube y baja. Su mecanismo, su equilibrio, su funcionamiento. Era muy comparable con esto, o en el peor de los casos, con una montaña rusa, si es que lo ponen de un modo más... ¿extremo?

-Eh, la cuenta por favor
-Si señor
Me volví hacia ella.
-Nadine, déjame pagar todo.
-No.
-Por favor, ¿si?
-Que no.
Ella siempre tenía esa costumbre de negarme el pagar todo. O sea, ella no siempre iba a estar pagando. Yo me sentía algo molesto, pero bueno, así era ella. Y para variar, sabía mis pensamientos de memoria. Sabía que posiblemente, acepte un no por respuesta. Genial.

Al salir del local recibí en mi móvil un mensaje de uno de mis amigos:

“Hey, ¿que paso? ¿Tu chica te secuestró o te diste cuenta que no ibas a poder con nosotros en el pool?”
-¿Quién es? –preguntó Nadine. No era su costumbre preguntar por la gente que me llamaba o mandaba mensajes.
-Mis amigos. Dicen que la pasaron bien en el pool. –mentí.
-Oh, ¿por qué no fuiste?
-Porque tengo prioridades.
-Vaya, que ordenado que eres Chris, me sorprendes.
Parecía que Nadine jugaba sus cartas de manera perfecta. Apuesto que sería una perfecta jugadora de póker. Claro, si es que supiera jugarlo. Ahora que recuerdo, prometí enseñarle una vez a jugarlo, pero se hizo imposible por los acontecimientos del fin de semana pasado.

Llegamos a su casa, y nos sentamos en uno de los escalones de la entrada.
-Y bueno, creo que... se te olvidó algo. –dijo ella.
-¿En serio? Que despistado.
-¡Ja!
Tardamos unos segundos en poder mirarnos a la cara, y cuando sucedió, fuimos acercándonos poco a poco, hasta que nuestros labios se cruzaron.
Fue algo tan... natural. Ambos nos dejamos llevar como no lo habríamos hecho en el resto del día. Debo admitir que extrañaba esos labios, pero ahora eran diferentes. En serio, parecía que era otra Nadine. No era la Nadine loca e ingenua que le gustaba hacer acopio de sus pensamientos, de sus frases, de sus palabras fuera de serie, y de su personalidad intro-extrovertida. No era la Nadine que yo conocía, y esos no eran sus encantos únicos de ella. Era una Nadine más, atrevida, desenfrenada, como quien va manejando en una motocicleta sin saber como hacerlo.

Luego, ella se detuvo, y cambió su mirada. Nadine había vuelto.
-Chris...
-Dime amor.
-Lo siento.
Esas dos palabras me dejaron en shock.
-¿Por que? ¿Ahora que ocurre?
-Tengo que decirte algo.
-Dime.
-Me voy. –dijo con lágrimas en los ojos.
-¿Qué?
-Si, me voy. Y no se si vuelva algún día.
-Pero, ¿Cómo? ¿A dónde te vas?
-A España.
-¿España? ¿Cómo así?
-Si, me voy a España. Viajaré dentro de una semana.
-Pero... ¿por qué? –No sabía que decir. Esto no me lo esperaba de ninguna manera, Nadine me dió un golpe bajo.
-Lamento si no te lo dije antes, pero... es que Chris la verdad te amo tanto. Y nuestra relación se ha vuelto tan... asediada por cosas ajenas a nosotros, y no quería que lo supieras. Supuse que me odiarías.
-Estás loca. –le dije sin trabas.
-Por ti.
-Eso no cambiará.
-Te lo aseguro.
Nos quedamos en silencio por diez segundos. Hablé yo.
-Y, ¿por qué viajarás?
-Eso no te lo puedo decir, lo siento.
-¿No me lo puedes decir? Genial.
-Es que de verdad no puedo. No es tan fácil como parece Christopher.
-¿De veras?
-Arg, ya ves. No me entiendes.
-Si te entiendo, solo que, no puedo imaginarme algo que sea demasiado malo para que no pueda saberlo.
-Pues imagínalo.
-De acuerdo.
Pasó otro silencio de diez minutos. Esta vez habló ella
-Debo irme
-¿Por qué?
-Porque si. Punto.
-Como tu digas.
Nos despedimos con un beso, otra vez, pero este fue más pausado y pacífico que el primero.
-Cuídate. –le dije.
-Lo haré. Tu también.
-Gracias.
Sonrió de forma natural, como me gustaba, y entró a su casa.



Bueno, ahora me toca agradecer a las siguientes personas (o grupos de personas):
-The Dresden Dolls
-Muse
-Jack White
-Coldplay
-Buck-Tick

Si no fuera por ustedes, no habría intentado siquiera escribir algo, gracias infinitas.

Ahora si, me voy a jugar PES 2009, que mi jugador del modo Become a Legend está en el año 2015, juega en el Man U, y es el goleador de la Liga Inglesa con 40 goles, wow. Intenta superar eso Berbatov.

¿Super Nintendo? ¿PES 2009? Demasiados videojuegos por hoy.

Au revoir.

martes, 2 de junio de 2009

Persistencia.

No se que cosa creer
Si pasa el tiempo y ya no se te ve
Existe el vacío y queda
Más de una cosa por hacer

No se que más entender
Me he quedado en medio de la nada
A un paso de la gloria
Sin ruegos por atender

Sin poder tener una vez
Sin poder tenerte después

Me basta con una palabra
Un chiste mal contado
Una risa descontrolada
Me basta con decirlo
No hay razón para vivirlo
Si hay razón para mirar
Me basta con ver lo que es cierto
No puedo negarlo y lo niego
Es cierto, tan claro que da igual.

No se que puedo hacer
Si sigo esperando y ya no es
Lo mismo si solo veo
Tu imagen tras la ventana

No se si puedo ver
Detrás del cristal, algo ver
Una pregunta y una
Respuesta más por saber.

Y sin poder tener esta vez
Sin poder tenerte después.

Me basta con una sonrisa
Un chiste tan privado
Una sonrisa desquiciada
Me basta con sentirlo
Hay razones, hay motivos
Sin razón de continuar
Me basta con ver lo que es cierto
No puedo negarlo y lo niego
Es cierto, tan claro que da igual.

Amanecer pronto, de una vez
Quizás el sueño acabe y me
largue otra vez.
Amanecer pronto y déjame
Que nada vive en este mundo
Que nada puedo entender.

jueves, 2 de abril de 2009

Apueste a ganador.

La apuesta mas grande de tu vida. ¿Te lo imaginas?

- ¿Cómo? Dices que apostaras mucho pero... ¿de qué manera?

- Juegos de azar, si claro, ni que lo digas.
Antes prefiero ver la tele.




Con tantas cosas que pensar, lo primero que se te ocurre es jugarle todo a eso. Si, a eso
A eso que significó tantas caidas, tantos tropezones, tanto daño.

- Demasiada confusión, ¿eh?
¿Como se siente?
Se siente bien, ¿no?
Dejame intentarlo.




Bueno, a veces siempre hay excepciones
No siempre se ven las cosas por el blanco, sino por el negro.

- Pero, ¿qué rayos haces?
¿Vas a...? No.
No me parece.

- ¡Vuelve aquí! No te vayas
Te necesito, te amo.

- Te acostumbraste a seguir siendo una piedra en mi camino.
Nada más que eso. Tropiezos y nada más.




Pero en medio de todo, da igual.
Lo dicho, todo esto ya me aburre de sobremanera...

...Y me importa un carajo.


Que gane el mejor. Punto.

viernes, 27 de marzo de 2009

Todo.

Esperar...

Esperar qué?



Esperar que todos los días aparezcas de repente entre la multitud y me saludes con esa sonrisa tan dulce que me gusta tanto.

Esperar a que nos digan que es lo que tenemos que hacer para no hacerlo.

Esperar a que el resto nos mire de reojo y se incomoden ante nosotros.

Esperar tener las respuestas antes de cada pregunta tuya.

Esperar tu mirada de desprecio ante la primera tonteria que se me ocurra decir, y que luego me regales una sonrisa y te robes la mia.

Esperar a que alguien más haga una locura para reirnos como locos.

Esperar que suene tu canción preferida en mi celular cuando me llamas o me mandas mensajes de texto.

Esperar a sufrir caidas, para luego levantarnos y seguir.

Esperar a que me digas que todo es una broma, cuando el bromista soy yo.

Esperar a que me hables en ese idioma tan raro que te gusta hablar.

Esperar que las paredes de ese cuarto nos digan que sienten al vernos.

Esperar a que alguien más se acerque a hablarte para sentir esos celos que siempre me atacan.

Esperar que aparezcas en frente de un espejo para inmortalizar tu imagen en el.

Esperar a que cada día al salir, me digas hasta mañana.

Esperar a que, por mas corto que parezca el tiempo, el sentimiento sea largo. Muy largo.

Todo eso. Eso y mucho más.




Now, who's gonna wear my crown?
I don't know, I just got to go my way.
(Crown - Collective Soul, 1999)